La caja de etiquetas

Por Adriana Adarve – Propietaria de Traducciones Adarve

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No me cabe duda de que la mayoría de nosotros tenemos suficientes cosas en nuestras residencias, e incluso en la oficina, que contienen etiquetas —etiquetas en toda clase de frascos, cajas, cajones, libros— ¡etiquetas aquí, etiquetas allí, etiquetas en todas partes! El uso de las etiquetas es algo que nos permite diferenciar y reconocer una cosa de otra. Las etiquetas en realidad simplifican nuestros estilos de vida y pueden incluso salvarnos la vida. Lo que me parece problemático, sin embargo, es cuando pienso en el día en que cruzamos la barrera de la empatía y la compasión humana y empezamos a poner etiquetas a los seres humanos también.
La caja de etiquetas

No me cabe duda de que la mayoría de nosotros tenemos suficientes cosas en nuestras residencias, e incluso en la oficina, que contienen etiquetas —etiquetas en toda clase de frascos, cajas, cajones, libros— ¡etiquetas aquí, etiquetas allí, etiquetas en todas partes! El uso de las etiquetas es algo que nos permite diferenciar y reconocer una cosa de otra. Las etiquetas en realidad simplifican nuestros estilos de vida y pueden incluso salvarnos la vida.

Lo que me parece problemático, sin embargo, es cuando pienso en el día en que cruzamos la barrera de la empatía y la compasión humana y empezamos a poner etiquetas a los seres humanos también. Cuando caímos la costumbre persistente y perjudicial de usar clasificaciones como una manera de diferenciación e identificación de las personas o de grupos de personas. Es algo que, de acuerdo a la sociología, muchas personas —principalmente a quienes se les han puesto etiquetas, por supuesto— consideran como dañino e hiriente. Algunas personas lo consideran incluso como una forma de prejuicio y discriminación.

Pero, ¿por qué tiene la gente que colocar a otras personas en categorías y diferenciarlas por medio de etiquetas?

A las personas se les ponen etiquetas cuando la mayoría de la población en una sociedad mantiene estereotipos —la forma excesivamente simplificada de pensar con relación a una persona, un grupo, etc.— contra “otros grupos” dentro y fuera de su propio grupo social, afectando así la manera como se perciben estos “otros grupos”.

Estas etiquetas no son más que caparazones que contienen suposiciones, y las suposiciones son simplemente un punto de vista muy estrecho carácter social y de la complejidad de los seres humanos. Los estereotipos, las clasificaciones, las etiquetas, etc. no son más que suposiciones que obnubilan la verdadera naturaleza de las personas que categorizan y diferencian.

Aunque muchas sociedades del mundo diferencian a la población al ponerla en grupos, tales como “la comunidad negra”, “la comunidad hispana”, “la comunidad judía”, etc., solo voy a mencionar lo que toca un lugar muy profundo en mi ser: el grupo de personas al que se ha etiquetado como “la comunidad hispana” —una comunidad de la que se supone que soy miembro.

 Pero, ¿por qué digo “se supone que soy”? ¿Acaso no soy hispana? La verdad es que no; no considero que pertenezco a un “grupo” o al otro. Me quité la etiqueta y me considero simplemente un ser humano que, por casualidad, nació y se crió en un país de habla española, pero que ahora vive en un país de habla inglesa. Lo mismo es cierto, a propósito, del resto del grupo de personas etiquetado como “la comunidad hispana”.

Sin importar quienes somos, sin importar de dónde venimos, sin importar cuál es nuestro idioma materno, nuestras costumbres, nuestra manera de pensar, trabajar, determinar lo que es importante o no en nuestras vidas personales, todos formamos parte de este mundo. Somos un caleidoscopio de riqueza y belleza humana.Se mantienen muchos estereotipos con relación a las personas de países latinoamericanos. Algunos son realmente malos, aunque otros son aparentemente “buenos”: la pobreza, el trabajo de mano de obra a bajo salario, mujeres excesivamente sensuales o extremadamente virginales y sumisas, el amante latino y hombres y mujeres sin educación debido a que algunos de ellos no pueden dominar el idioma inglés, son solo la punta del iceberg de las etiquetas que nos ponen.

Lo que la gente que mantiene estos estereotipos no puede entender es que no se pueden aplicar completamente a lo que se conoce como “la comunidad hispana”, de la misma manera que otras listas que se ponen a otros grupos de personas tampoco se les puede poner a estos grupos. Todos somos personas y como tal poseemos características y maneras de hacer las cosas que no se pueden meter dentro de un molde, pero que sí pueden, en todo momento, enriquecer el mundo en el que vivimos.

La raza humana es un grupo combinado de personas: los ricos y los pobres —y quienes se encuentran en el medio— los educados y sin educación, felices e infelices, sensuales y menos sensuales, buenos trabajadores y no tan buenos trabajadores, quienes dominan un solo idioma, varios idiomas o muchos idiomas, con muchos matices de color de la piel, texturas de cabello, tamaños y físicos y más.

Sin importar quienes somos, sin importar de dónde venimos, sin importar cuál es nuestro idioma materno, nuestras costumbres, nuestra manera de pensar, trabajar, determinar lo que es importante o no en nuestras vidas personales, todos formamos parte de este mundo. Somos un caleidoscopio de riqueza y belleza humana.

Tomar partes y pedazos de esta riqueza, colocarlos dentro de una caja con una etiqueta y usar esta etiqueta para separar los unos de los otros —aún si creemos equivocadamente que al etiquetar grupos de personas estamos actuando en realidad de manera bondadosa para ayudarles a “adaptarse mejor a lo que percibimos como nuestra sociedad ‘perfecta’— nos roba de la riqueza que vinimos realmente a compartir. Nos roba de nuestra alma.

¿Qué tal si dejamos de poner etiquetas en unos y otros y empezamos a tratarnos realmente como seres humanos que tienen tanta riqueza de valores para brindar y con los cuales guiarnos, especialmente gracias a los diferentes lugares de los que venimos, nuestros idiomas, costumbres y conocimientos tan vibrantes y diversos?

Hasta pronto,

Adriana Adarve, Asheville, NC

 

Adriana Adarve is the owner of Adarve Translations and is fluent in three languages (English, Spanish & French), as well as pluri-cultural, multi-cultural, plurilingual and multilingual.
Adriana Adarve

Acerca de la autora: Adriana Adarve es la propietaria de Traducciones Adarve y habla tres idiomas a la perfección (inglés, español y francés), además de tener conocimientos básicos e intermedios de tres idiomas más, alemán, italiano y portugués. Además de ser poliglota, Adriana Adarve también es pluricultural y multicultural.

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Published by Adriana Adarve

I’m Adriana Adarve, a multilingual, plurilingual, multicultural and pluricultural English to Spanish freelance translator. My primary interests—besides my passion for languages—are in science, chemistry, and medicine. That is the reason why I concentrate on medical, scientific and technical translations. I am also passionate about cultural diversity, which means that my translations always take into account my clients’ culture, as well as that of the audience for which the translations are intended.

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