Si practicamos sentimientos positivos —cero intolerancia, cero falta de aceptación, cero desamor, cero crueldad— todos los días, la premisa que dice que la división por cero es imposible seguirá siendo cierta, no solo en matemáticas, sino también a nivel humano. Ya no estaríamos divididos; estaríamos simplemente construyendo un mundo mejor para todos.
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Nuestra humanidad y la división por cero

Por Adriana Adarve – Propietaria de Traducciones Adarve

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Si practicamos sentimientos positivos —cero intolerancia, cero falta de aceptación, cero desamor, cero crueldad— todos los días, la premisa que dice que la división por cero es imposible seguirá siendo cierta, no solo en matemáticas, sino también a nivel humano. Ya no estaríamos divididos; estaríamos simplemente construyendo un mundo mejor para todos.

Hay un concepto matemático que dice que la división por cero es una expresión indeterminada o indefinida, porque es imposible tener un número real que se pueda multiplicar por cero para obtener otro número que sea diferente a cero.

Aunque este concepto matemático se ha considerado como cierto por siglos, cuando se trata del nivel humano la situación actual en las sociedades del mundo lo han estado contradiciendo desde hace mucho tiempo. Es cierto que no todos vivimos en un mundo matemático ni llevamos conceptos matemáticos en la cabeza todo el tiempo. Sin embargo, no podemos negar que las sociedades alrededor del mundo están tratando de desmentir este concepto matemático tan sencillo: que la división por cero es una ecuación imposible de resolver.

¡Sí! Todos nos estamos dividiendo debido la falta de tolerancia, falta de aceptación, falta de amor, falta de compasión, falta de disposición para aprender más sobre los demás y descubrir maneras inteligentes y gratificantes de adaptarnos a ideas y conceptos nuevos, a maneras nuevas de hacer las cosas, a personas y culturas nuevas. Estamos permitiendo que estos ‘denominadores cero’ controlen nuestras ecuaciones, nuestras vidas, nuestras almas.

Todos los días nos dividimos más y nos distanciamos de las personas que son diferentes a nosotros. Permitimos que la información errónea y los conceptos prejuiciados nos dividan y creemos en estos conceptos aberrantes de tal manera nos dejamos arrastrar hacia esta división por cero sin verificar primero nuestra conciencia.

Creo, sin embargo, que si cambiamos los ceros en cualquiera de las “divisiones por cero” que controlan nuestras vidas podríamos en realidad solucionar el concepto no matemático de esta ecuación: el concepto humano.

Creo en el fondo que todos tenemos un corazón, una conciencia, un cerebro con el cual pensar y, sobre todo, un inmenso deseo de aprender y evolucionar. Y gracias a todas estas cosas positivas que tenemos en nuestro interior, también creo que las podemos usar para aprender a solucionar nuestra imposibilidad matemática de la “división por cero” a nivel humano. Estoy convencida que la clave es la comunicación abierta y un corazón dispuesto. Nada más y nada menos.

¿Nos atemoriza o desconcierta la manera como luce otra persona de otra cultura o país en comparación con nosotros? ¿Nos molesta la manera como se viste, come, habla, ora, piensa, etc., la gente de otras culturas? ¿Este miedo o desconcierto es tan grande que preferimos rechazar a la gente y toda la riqueza que trae consigo?

¿Qué tal si en lugar de rechazar o alejarnos de las personas —división de nuestra humanidad por ausencia total de tolerancia o aceptación— decidiéramos darles y darnos a nosotros mismos una oportunidad?

¿Qué tal si cambiáramos la falta total de tolerancia en ausencia total de intolerancia? ¿Por qué no atrevernos a hacer preguntas sobre la cultura y el estilo de vida de la otra persona? Tengamos la valentía de bajar la guardia por un momento y disponernos lo suficiente como para que esta persona nos haga preguntas sobre nuestra cultura y estilo de vida. ¿Qué tal si aprendiéramos a aceptar que a pesar de que una persona de otra cultura vive y respire en la nuestra le es totalmente imposible abandonar completamente sus valores culturales para convertirse en lo que deseamos que se convierta?

Seamos honestos con nosotros mismos por lo menos: ¿cualquiera de nosotros renunciaría realmente a quienes somos o de dónde venimos para convertirnos simplemente en lo que otra persona nos pida que nos convirtamos?

Si no estamos dispuestos a perder nuestra identidad, ¿por qué le pediríamos a otra persona que perdiera la suya?

Creo de todo corazón que si practicáramos sentimientos positivos —cero intolerancia, cero falta de aceptación, cero desamor, cero crueldad— todos los días, la premisa que dice que la división por cero es imposible seguiría siendo cierta, no solo en matemáticas, sino también a nivel humano. Ya no estaríamos divididos; estaríamos simplemente construyendo un mundo mejor para todos.

Espero haber tocado su alma de manera significativa,

Adriana Adarve, Asheville, NC

 

Adriana Adarve es la propietaria de Traducciones Adarve y habla tres idiomas a la perfección (inglés, español y francés), además de tener conocimientos básicos e intermedios de tres idiomas más, alemán, italiano y portugués. Además de ser poliglota, Adriana Adarve también es pluricultural y multicultural. Adriana Adarve

Acerca de la autora: Adriana Adarve es la propietaria de Traducciones Adarve y habla tres idiomas a la perfección (inglés, español y francés), además de ser pluricultural, multicultural, plurilingüe y multilingüe.

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